como motor de la acción por la vida
Este artículo fue publicado en nuestra revista en su versión en inglés
El año 2025, marcó el 10° aniversario del Acuerdo de París y un punto de inflexión en el que se proyecta que las temperaturas globales superarán los 1,5 °C en una década (IPCC 2023) los riesgos para la humanidad y nuestro planeta jamás han sido más evidentes. Un informe reciente de la ONU advierte que los desastres climáticos ahora desplazan a una persona cada dos segundos, mientras que los movimientos liderados por jóvenes están transformando las agendas políticas en todo el mundo (Informe sobre la Brecha de Emisiones del PNUMA 2025).
En esta era de crisis entrelazadas, la lucha por la justicia climática es inseparable de la lucha por los derechos humanos. La historia que sigue, escrita por una joven activista, nos recuerda que incluso ante el colapso, la esperanza no es un sueño pasivo: es un acto radical de resistencia.
Las llamas se expanden a gran velocidad, provocando inmensas nubes que merman la salud de las personas y carcomiendo tras su paso la vida que antes habitaba aquellos bellos lugares. Una vez se quemaba ya no había nada. Imagina haber trabajado tu vida entera por un hogar y que otro venga y te lo queme, pero que además tus vecinos no hagan nada al respecto, algo así es lo que están sufriendo los ecosistemas de nuestro planeta.
En el fondo, la salud del planeta es un reflejo de nuestra salud, como humanos, y viceversa, y lastimosamente ninguna de las dos le está yendo bien en nuestros días.
La Tierra como planeta seguirá durante miles de millones de años hasta que el Universo le deparé un fin, sin embargo lo que está en riesgo es la vida que hay en la tierra, incluida nuestra supervivencia como humanos.
La ecoesperanza como muchas de las cosas que existen en nuestra sociedad es un concepto inspirado en la naturaleza, en una bella naturaleza que sin importar la envergadura de los desafíos a los que se enfrenta no se rinde, es decir, es resiliente y siempre busca aferrarse a la vida. La ecoesperanza no niega la gravedad de los problemas a los que nos enfrentamos, sino que la aborda desde las soluciones y utiliza la fuerza del caos como fuerza motora de la acción, lo cual inspira más acciones y más acciones.
Ahora mismo desde Guardianes por la Vida, el movimiento que fundé y que comenzó con seis (6) compañeros de la escuela que ahora son más de setescientos (700) niños y niñas, estamos transformando nustra ecoesperanza en acciones concretas, por ejemplo, ahora llevamos a cabo las huertas de la ecoesperanza, en las que los niños cultivan los frutas y hortalizas que se usan como insumo en los comedores escolares; es una acción muy importante en el contexto de un país como Colombia en donde la desnutriciones un gran desafio; además contamos con una Red de Escuela Guardianas por la vida en donde ejecutamos más iniciativas relacionadas a la educación para la vida, como por ejemplo, procesos de aprendizaje y de formación, plantaciones de árboles (hemos plantado más de 2000 árboles a lo largo de toda nuestra historia) o literatura ambiental y ciudadana, acciones todas que nos fortalecen como defensores de lo más importante; el derechoa habitar un mundo limpio, digno y en paz.